En la reserva del Museo Nacional del Ecuador, en Quito, se resguarda un patrimonio invaluable que pocos han visto. Son miles de piezas arqueológicas, bibliográficas y documentales que narran la historia del país desde las culturas originarias hasta la época contemporánea. Sin embargo, el 99% de esta colección permanece oculta al público.
El motivo es simple pero grave: el edificio actual, ubicado en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, no cuenta con las condiciones técnicas para garantizar la seguridad y la preservación de estos bienes. La falta de espacios con control de temperatura, humedad y luz, así como sistemas de seguridad de última generación, impide su exposición continua.
“Cada material requiere un ambiente específico. No es lo mismo conservar un libro de pergamino del siglo XV que una pieza de cerámica Valdivia de hace 6.000 años”, explica a PRIMICIAS Carla Freile, subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio.
“Una biblioteca con documentos coloniales necesita estabilidad ambiental absoluta para evitar que el papel, el cuero o el pergamino se deterioren. Y los vestigios arqueológicos como textiles, semillas o restos humanos, requieren condiciones controladas para que no se activen procesos de degradación”.
Por esta razón, de los más de 63.000 bienes arqueológicos que custodia la reserva, apenas una pequeña fracción puede exhibirse. El resto se mantiene en espacios internos, accesibles solo para investigadores. Lo mismo ocurre con el Archivo Histórico, que conserva cerca de 90.000 bienes documentales, entre manuscritos, mapas coloniales, fotografías y material audiovisual.
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