Uno entra en la vía de las máscaras de distintas maneras, generalmente iniciándose en el uso de ellas mediante el juego de niños o en la fiesta ritual como un espectador de espectros danzantes. Independientemente de la posición de actor u observador que se asuma, la máscara – instrumento de desfiguramiento y transformación radical de la identidad más concreta, la física – inyecta un carácter móvil y enigmático en las relaciones que normalmente establecemos con el común de los mortales.










