Diana Salazar Méndez
Más allá de la fiscal
© Más allá de la fiscal, Diana Salazar Méndez ISBN: 978-9942-677-35-8
Derechos de autor: QUI-073247
Primera edición, Dinediciones, 2026
Fotografía portada:
May Anokian, directora en toma
Carlos (Charly) Orieta Keipert, fotógrafo y retocador
Corrección de estilo: Paulina Rodríguez Ruiz, Luis Monteros Arregui Imprenta: Ediecuatorial
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Impreso en Ecuador
Índice
Prólogo
Alegato de apertura
- El primer aleteo: 1516, Santo Domingo
- Jugando en divisiones inferiores
- Caso Oro
- Tarjeta Roja
- Morir la víspera
- Odebrecht, primera parte
- ¿Un fiscal te mete preso?
- Odebrecht, parte final
- Tsunami 10
- El concurso
- El imperio del El inicio del caso Sobornos
- El hombre más poderoso del Caso Las Torres
- Menospreciar a la víctima
- Sinohydro
- Reconstrucción de Manabí
- Metástasis: al borde del abismo
- Dos infancias diferentes
- Plaga
- Costos personales
- Juicio político y embarazo
- Capacitación y derecho
- Tanques de oxígeno
- Distancias
- Alegato de cierre
- Agradecimiento especial
- Purga
Prólogo
SIMÓN ESPINOSA CORDERO
Miembro Numerario de la Academia Ecuatoriana de la Lengua
Que la doctora Diana Salazar Méndez me haya pedido prologar su libro, Más allá de la fiscal, me honra y me conmueve. Me honra que una persona tan valiente haya puesto sus ojos en mí, a quien la sombra de un árbol en la medianoche y a la luz de la Luna entristece y espanta. Me conmueve, pues soy un anciano y, si Dios lo permite, ¡en unos dos meses y pico cumpliré los noventa y ocho años bien vividos! Gracias, doctora Diana, por su confianza y su riesgo. “Crea el alma sus riberas, / montes de ceniza / sotillos de primavera” (Antonio Machado).
Diana Salazar Méndez es una mujer afroecuatoriana nacida en Ibarra (Imbabura), el 8 de junio de 1981. Es licenciada en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Central del Ecuador; doctora en Jurisprudencia, Ciencias Políticas y Sociales, y abogada de los Tribunales de la República, por la misma universidad; y magíster en Derecho Procesal con mención Penal, por la Universidad Tecnológica Indoamérica.
Cuenta con varias especializaciones, entre ellas en Derechos Humanos, con mención en Mecanismos de Protección de Pueblos Afrodescendientes, por la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador; y Derecho Penal Económico y Criminalidad Organizada por la Universidad Castilla La Mancha, de España. Adicionalmente, ha realizado un sinnúmero de cursos, seminarios, talleres y similares en Ecuador y otros países, de actualización técnica en materia penal.
Su trayectoria en la Fiscalía General del Estado comenzó en 2001, ocupó diversas funciones: asistente, secretaria, agente fiscal y coordinadora nacional en ámbitos como soluciones rápidas, delincuencia organizada transnacional, violencia de género, lavado de activos, transparencia y lucha contra la corrupción, entre otros cargos y responsabilidades.
El 20 de mayo de 2025, Diana presentó ante la Asamblea Nacional su sobria renuncia irrevocable, luego de seis años de ejercicio más una prórroga. El 21 de mayo, la Asamblea, con un suspiro de alivio y de alegría, aceptó la renuncia. El presidente Daniel Noboa, a fin de preservar la integridad física de Diana y de su familia, la nombró embajadora extraordinaria y plenipotenciaria del Ecuador en Buenos Aires, Argentina.
Estimado lector: El libro de Diana no tiene desperdicio. Es lo mejor que se ha escrito, casa adentro y ojalá, casa afuera, en el género del realismo criminal en el mundo de la droga, del dinero, de las venganzas mortales. Las acusaciones tenían el sustento de investigaciones ejemplares y, cuando urgía el tiempo, se trabajaba hasta la madrugada. La selva de los cínicos para manipular la ley, la risa de hiena que asusta y provoca fríos verticales en la espina dorsal. Jugarse la vida y la de la familia, amanecerse —lo reitero— para presentar pruebas sólidas, crear equipos de trabajo con gente de primera, corazones que amen la trascendencia de su labor y con una formación humana solidaria. “Pero caer de cabeza / en esta noche sin luna, / en medio de esta maleza, / junto a la negra laguna” (Antonio Machado).
Más allá de la fiscal, una autobiografía apasionante, de fácil lectura, de médico oculista que da los anteojos justos para mirar y entender lo que ha sucedido. Una invitación a reflexionar. Además, Diana, por su proceso interior de sufrimiento, se hace querer y se hace admirar. Un libro de ética para un mundo que, de urgencia, necesita curarse. Y Diana, una mujer irrepetible. “La mujer es el anverso del ser” (Antonio Machado). Me he atrevido a poner a continuación el índice del libro para que usted, querida lectora, y usted, curioso lector, tengan una vista general del rico tesoro que se les ofrece. Lo haré con los títulos de los capítulos y, si estos tuvieren subdivisiones, las escribiré con letra bastardilla.
- El primer aleteo: 1516, Santo Domingo. / Josefina Méndez: la mariposa que cambió nuestra historia. 2. Jugando en divisiones inferiores. 3. Caso Oro. / Entre paréntesis… 4. Tarjeta Roja. / El viaje a Paraguay y la pieza clave del caso. / Entre paréntesis… Un capitán culpable. / El inicio del juicio. El alegato inicial de Tarjeta Roja y la “prueba perdida”. / Entre paréntesis… 5. Morir la víspera. 6. Odebrecht, primera parte. / Entre paréntesis… 7. ¿Un fiscal te mete preso? 8. Odebrecht, parte final. / Entre paréntesis… 9. Tsunami. 10. El concurso. 11. El imperio del miedo. El inicio del caso Sobornos. / En-tre paréntesis… 12. El hombre más poderoso del Ecuador. Caso Las Torres. / Doscientos cincuenta mil dólares en el ae-ropuerto de Miami. / ¿Qué logramos probar y fue aceptado por la Corte Nacional? 13. Menospreciar a la víctima. / Entre paréntesis… 14. Sinohydro. / Entre paréntesis… 15. Recons-trucción de Manabí. 16. Metástasis: al borde del abismo. / El asesinato de Fernando Villavicencio. / La Cárcel 4 o la sede de los conspiradores. / Entre paréntesis… 17. Dos infancias diferentes. 18. Purga. 19. Plaga. 20. Costos personales. / Entre paréntesis final… 21. Juicio político y embarazo. 22. Capaci-tación y derecho. 23. Tanques de oxígeno. 24. Distancias. 25. Alegato de cierre. 26. Agradecimiento especial.
Estos tanques de oxígeno son para Diana los premios internacionales y nacionales que le han dado fuerza, ánimo y paciencia en medio de una selva hostil. Serpientes hay en la burocracia, escorpiones en la lengua de algunos políticos. Y en la clase alta, media y popular hay tontos e ignorantes que desprecian a los afroecuatorianos.
Estimado lector, luego de oír a Diana, ayudémosla. “Así, con el paso de los años, recibí reconocimientos de impacto internacional que destacan mi lucha por la transparencia, como los siguientes: Internacionales: 1. Diciembre 2024 / Wilson Center: Reconocimiento a mi trayectoria en favor de la justicia y los derechos humanos en la región. 2. Abril 2024 / Revista Time: fui considerada como una de las 100 personas más influyentes del mundo. Es uno de los mayores reconocimientos de prestigio global. 3. Marzo 2024 / ONU (Mensajero por la Paz): 4. Febrero 2021 / Distinción por mi resiliencia ante la adversidad y mi búsqueda constante de la paz en Ecuador. / Depto. de Estado de EE. UU., el galardón ‘International Anti-corruption Champions Award’, otorgado a líderes que combaten la corrupción y garantizan la rendición de cuentas.
Nacionales: Omitimos —por motivos de espacio— las razones de los reconocimientos, pero conservamos las instituciones 1. Cámara Nacional de Transporte Pesado. 2. Corporación Valores y Principios. 3. Frente Unido de Trabajadores (FUT). 4. Federación Nacional de Abogados: Premio Isabel Robalino. 5. Cámara de Industrias y Producción. También he sido vista como merecedora de ser reconocida como ‘Ciudadana Ejemplar y Mujer del Año’ y Premio Matilde Hidalgo de Procel. Reconocimiento por la defensa y promoción de los derechos humanos en Ecuador. Por trayectoria profesional en defensa de la ciudadanía en Ecuador. Comisión Nacional de Afroecuatorianos Galardón ‘Juan García’ por mi apoyo a la Comunidad afroecuatoriana”.
“Orquídea Híbrida. En marzo de 2021 recibí uno de los honores más conmovedores de mi carrera: la creación de la orquídea Phagmipedium diana-salazar. A diferencia de las flores que se encuentran de forma silvestre, esta es un híbrido creado específicamente por expertos conservadores y el colectivo Nosotras por la Democracia, quienes combinaron lo mejor de dos especies para dar vida a una nueva flor única y resistente que fue registrada oficialmente ante la Royal Horticultural Society de Inglaterra. Para mí, este gesto simboliza mi compromiso vital con la perseverancia y la rectitud, recordándome que, al igual que esta orquídea, la justicia debe ser cultivada con paciencia y fortaleza para florecer incluso en los entornos más difíciles.
Durante mi ejercicio enfrenté varias amenazas reales, amenazas que estuvieron a punto de acabar con mi vida y con la de mis seres queridos. Gracias a Dios, hoy puedo contarlo, aunque todavía me cuesta recordar ciertos episodios de terror (capítulo 16).
Mi vida, como la de todos, me lleva con frecuencia a buscar la respuesta para la misma pregunta: ¿por qué estoy aquí? Y de ella se derivan otras tan complejas de responder:
¿para qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene mi vida? A veces la interrogante incluye una enorme nostalgia” (capítulo 5).
No es realismo mágico, sino realismo sangriento. Es el relato de una mujer afroecuatoriana en el cargo público más necesario de la República: una danza con la muerte, una víctima de la envidia profesional, “una afroecuatoriana despreciable”. ¡Oh, Marting Luther King!, no los perdones porque sí saben lo que hacen. Para un buen número de ecuatorianos, enfermos graves por el virus de la fiebre del oro, los derechos humanos son unos “antiguos mitos, en sus torsos de mármol, / con los ojos lejanos de mineral continuo, / fijos, despetalados, absortos de pretérito” (César Dávila Andrade, Oda Al Arquitecto). Diana ha defendido tales derechos como la quinta esencia de la vida humana.
Estas dimensiones de la dignidad pueden crecer o disminuir. Pero más allá de estos significados hay un nivel más profundo, el más importante, que consiste en la dignidad ontológica. Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios; ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado a ser (León XIV, Carta encíclica Magnifica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, capítulo segundo […] El altísimo valor de los derechos humanos).
La desnudez de los derechos humanos, el desprecio al afroecuatoriano y a los indígenas contrasta con la fuerza ejemplar de una mujer, en verdad “mater y magistra”. Diana es un argumento vivo en pro de una Fiscalía General totalmente autónoma con un presupuesto necesario y suficiente para depurar el Estado en su conjunto.
Y para tener modelos contemporáneos de mujeres capaces, honradas y valientes en la antigua Isla de Paz, hoy archipiélago de la corrupción, del cinismo, de la falta de misericordia con la ciudadanía de abajo que a duras penas puede sobrevivir y que por la corrupción desenfrenada sobremuere, en una sociedad que se ha vuelto intrascendente, sin identidad nacional y cuyo lema ha degenerado en “Primero Yo, después Vos y en la hora de la muerte tal vez Dios. Tal vez”.
Les invito a leer con más atención los capítulos 9. Tsunami, 10. El concurso. 11. El imperio del miedo. El inicio del caso Sobornos. Entre paréntesis, porque en ellos está la enjundia del libro, a saber: la crisis depresiva de Diana, cómo ganó el concurso para fiscal general del Estado, y el sentimiento de un profundo miedo que la llevaba a retirarse del cargo, pero que no lo hizo. Había ganado el concurso del Consejo Nacional de Participación Ciudadana y Control Social, presidido por el recordado doctor Julio César Trujillo. Un día fui a visitarlo y le pregunté su opinión sobre Diana. Me dijo: “Tengo la certeza de que va a dejar boquiabierto al Ecuador”.
En fin, voy cerrando este prólogo. Alabo la estructura del libro. Títulos reales, anécdotas en bastardilla en buena parte de los capítulos. El libro se lee con gusto, como un vaso de cerveza. Y así como Lincoln en el Discurso de Gettysburg consagró ese campo de batalla como un santo recuerdo de la Libertad y la Democracia, no de otra suerte, nuestra Diana describe a su familia como la raíz y fuente de lo que ella ha llegado a ser. Y cierra su libro con una sentida exhortación a los afroecuatorianos: No quejarse ni victimarse, sino alzar la cabeza para creer en su propia valía y obrar de acuerdo con esta nueva valoración.
Y como mujer bien nacida agradece a todos los que trabajaron con amor, sin descanso, en la lucha de la Fiscalía General contra la corrupción y en pro de los derechos humanos. Gracias Diana, por su vida, su fuerza y su valor.
Alegato de apertura
Soy Lady Diana Salazar Méndez.
Nací en Ibarra el 5 de junio de 1981. Mientras escribo este testimonio, tengo 44 años. Soy la segunda hija de José Armando Salazar Espinosa y María Olivia Méndez Méndez, ambos con raíces profundas en el valle del Chota.
Coangue era el nombre colonial de este fructífero valle repartido entre las provincias de Imbabura y Carchi. Se dice que coangue significa ‘valle de las calenturas malignas’, una alusión a enfermedades como el paludismo y otras fiebres.
Mis apellidos, Salazar y Méndez, son un mapa de resistencia, tejido por generaciones que transformaron el dolor en orgullo.
Soy abogada, doctora en Jurisprudencia.
Hace más de seis años el país me confió una enorme responsabilidad desde la Fiscalía General del Estado y esa experiencia me condujo a conocer el lado más siniestro de la degradación moral y a luchar contra poderes insospechados.
Hoy, ya a cierta distancia de esos hechos, hay ocasiones en las que siento que la posverdad, esa tergiversación deliberada de la información, es mucho peor que la corrupción que he perseguido.
Por eso necesito contar la verdad de mis actos. Esta es mi historia.
1.
El primer aleteo: 1516, Santo Domingo
Mi vida es el resultado de un efecto mariposa que comenzó hace siglos, con el aleteo de una idea atroz de Bartolomé de Las Casas, y que encontró su fuerza en una mujer extraordinaria: mi abuela materna, Josefina Méndez, cuya visión cambió el destino de nuestra familia.
Hace cinco siglos, el sacerdote Bartolomé de Las Casas quiso salvar a unos inocentes y, de paso, condenó a otros, tan inocentes como los primeros. En 1516, en las tierras ardientes de Santo Domingo, Las Casas alzó la voz por los indígenas, cuyos cuerpos caían bajo el peso de las encomiendas. “¡No más!”, dijo, y sugirió que los africanos, fuertes y ya esclavizados por portugueses y otros africanos, tomaran su lugar. No imaginó que su planteamiento, como el aleteo de una mariposa, conforme al concepto de Edward Lorenz, desencadenaría tormentas de dolor, de resistencia y de victoria al otro lado del océano y del tiempo. El suyo fue un aleteo con efecto continental.
Josefina Méndez:
la mariposa que cambió nuestra historia
Pero si hay un aleteo que define mi vida, de una manera profunda, fue el de mi abuela materna, Josefina Méndez.
Nacida en Carpuela, una de las comunidades del valle del Chota, Josefina fue una mujer que desafió a su tiempo. En 1947, junto a su esposo Eusebio Méndez, dejó su tierra y mi-gró a Ibarra, buscando un futuro con mejores oportunidades para su familia. En un mundo que veía a los afrodescendientes con desprecio, Josefina se convirtió en un faro de esperanza. No solo era trabajadora; era una líder, una visionaria que entendió que la educación era la llave para romper las cadenas del pasado.
Josefina crio a sus tres hijos —Sixto, Arturo y mi madre, María Olivia— con una misión clara: no serían como las generaciones que trabajaron en haciendas y huasipungos bajo opresión. “Serán grandes”, decía, impregnándolos de valores, de esfuerzo y sacrificio. Bajo su guía, Sixto se convirtió en ingeniero civil, Arturo en deportista y licenciado en Educación Física, y mi madre en maestra y psicóloga. Josefina no solo transformó el destino de su familia; inspiró a toda una co-munidad. En 1978 el Patronato del Niño la reconoció como Mujer y Madre del Año por su dedicación, un homenaje a su impacto imborrable.
Eusebio, mi abuelo, apoyó su visión. En Ibarra trabajó como chofer para la familia Jijón y en 1954 se estableció como taxista independiente en Quito. Autodidacta, aprendió