Ha sido un error creer que mientras la dogmática penal ha evolucionado con el tiempo, el proceso penal se ha quedado inerte viéndola pasar. De hecho, es al revés. La dogmática ha sido conservadora al intentar avanzar al ritmo de la sociedad, mientras que el proceso penal ha caminado a marchas forzadas para evitar que la sociedad se despeñe por el acantilado de la arbitrariedad de la naturaleza humana.









